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Tres objetivos y muchas dudas



Mariano Rajoy sigue instalado veinte días después de su triunfo electoral en la misma ambigüedad. Palabras grandilocuentes, mensajes calculadamente retóricos y ninguna concreción sobre sus planes. Se ha estrenado con el pedigrí presidencial en Marsella en la cumbre de los partidos populares europeos y ha repetido el mismo guión indeterminado, con epígrafes vagos y ningún detalle concreto, que le venimos escuchando en las últimas semanas. El jefe de Ejecutivo in pectore ha reiterado sus tres objetivos inminentes, tres objetivos que tienen mucha letra pequeña que está oculta y nos interesa conocer ya que ahí está la madre del cordero.

Uno.- Consolidación fiscal y reducción del déficit público. ¿Subirá finalmente impuestos pese a su reiterado compromiso a no hacerlo? ¿Aumentará el IVA siguiendo el dictado de armonización fiscal de Merkel con lo que criticó al Gobierno saliente por hacerlo (incluso alguna autonomía pepera se planteó la insumisión)? ¿Cuántos servicios públicos pondrá en manos privadas? ¿Cuántos empleados públicos verán peligrar sus puestos de trabajo…?

Dos.- Flexibilización del mercado laboral. ¿Se cargará la negociación colectiva? ¿Abaratará el despido hasta convertirlo en prácticamente libre? ¿Creará contratos para que los jóvenes hasta 30 años cobren una miseria en beneficio del empresario…?

Tres.- Reforma del sector financiero. ¿Creará un banco malo para absorber todos los activos tóxicos inmobiliarios de las entidades bancarias? ¿A cuánto ascenderá la factura que nos costará a los españoles el rescate de los bancos por su codicia y su exposición a la burbuja inmobiliaria…?

Tres objetivos y muchas dudas por disipar. Y ya queda poco más de una semana para que recoja las llaves del Palacio de la Moncloa. Ya va siendo hora de resolver este acertijo perverso.

Foto.- El Mundo. Rajoy, con Sarkozy en Marsella.

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