Consejeros de empleo
Este organismo tiene una estructura bien cimentada según las necesidades de todas las personas que llegan como inmigrantes, mientras más rápido les enseñen cómo funcionan las cosas, como se desarrolla el mercado laboral, tan simple del cómo se realiza la vida aquí; su objetivo es que el inmigrante se convierta en una persona que coopera y genera para el país, en lugar de una carga más.
Existen 3 consejeros de empleo que crean tu expediente y la guía de al menos 8 meses hasta obtener tu inserción laboral o académica según lo decidas, siempre están allí en el momento que tú los necesites para emprender tu proyecto.
Melissa mi consejera hizo un perfil académico y laboral de mi, al mismo tiempo realizaba su perfil psicológico para analizar mi condición, es decir emocionalmente inmigrar es un cambio muy brusco, ya no tienes a tus amigos y familiares, tu lengua cambia y el estrés aumenta, afortunadamente mi nivel de francés me ha permitido integrarme bien, así que mi postura positiva es muy alentadora para todo lo que se viene.
La consejera debe comprender a la perfección en que estás preparado y en que te puedes desempeñar, es el punto de partida para poder hacer las diferentes etapas del programa, tu CV, carta de presentación, prepararte para la entrevista, etc.
La evaluación comparativa de estudios que hace el sistema, te permite mostrar a los empleadores en que estás capacitado y si verdaderamente podrás con el empleo, es bastante lento éste proceso, así que hacerlo a la brevedad es recomendable. Traducciones oficiales si tus papeles no están en francés o inglés, el costo del trámite está alrededor de los 109CAD
Néo-canadiens ofrece dentro de su seguimiento algunas reuniones informativas que te sirven en tu integración, los temas van desde cómo comprar un carro, la explicación de tu nómina para saber cuáles son los impuestos que se te quitan, seguridad, normas de trabajo y hasta una visita guiada a las diferentes empresas y regiones aledañas a Sherbrooke.
Todos estos servicios son gratuitos, es un sistema que el gobierno paga para la inserción más rápida de todas las personas que llegan. Una oportunidad que no se encuentra en todos los lugares y que verdaderamente es un lujo.
La importancia de aportar valor
Silvia, ingeniera Membership de HOI, explica cómo su experiencia formativa profesional toma una nueva dimensión con la visita a fábricas en Paraguay. En ellas, bajo la dirección del ingeniero jefe Carlos Fraginals, presentan los productos y servicios de ESPE, empresa participada por el Grupo HOI. Silvia expone en este post cómo aporta valor ESPE
Silvia. Esta semana de trabajo en ESPE ha sido muy enriquecedora a nivel profesional, porque hemos podido ver una planta de producción de alcohol a partir de caña de azúcar y una de las fábricas más importantes en la producción de plásticos de Paraguay.
Estoy impresionada por el recibimiento que nos dan los ingenieros y jefes de mantenimiento cuando les presentamos nuestros productos y servicios. Se quedan encantados porque aquí no existe el servicio y soporte que nosotros ofrecemos. De hecho, todos van a buscarlo a países como Brasil, Argentina o Estados Unidos.
En la fábrica de plásticos ocurrió una cosa muy curiosa. A mitad de la presentación, el ingeniero nos hizo parar porque le parecía tan sumamente interesante lo que estábamos contando que decidió llamar a su jefe superior para que también estuviera presente. Nos dijo que estaba acostumbrado a comerciales que sólo quieren vender su producto, sin ofrecer ningún tipo de soporte post venta ni garantía a largo plazo. Se nota que necesitan los servicios que ofertamos, porque como decimos, estamos comprometidos durante toda la vida útil de los equipos que vendamos. Este es nuestro gran valor añadido.
Personalmente, estoy aprendiendo muchísimo junto al ingeniero Carlos Fraginals. Su experiencia me motiva cada día más a relacionarme en el mundo industrial. Noto cómo voy soltándome más día a día y espero tener pronto la confianza que me permita acudir a las visitas sola.
To Advance
Silvia
7 razones para no trabajar por cuenta ajena
El otro día, mientras paseaba por Fnac, me llamó la atención la portada de un libro: Cómo trabajar para un idiota, de John Hoover.
Me pareció un planteamiento divertido. Reconozco que no tuve la tentación de comprarlo, ya que, como no trabajo por cuenta ajena, entiendo que no soy el target del libro. Aún así, me hizo reflexionar, en cierta medida, sobre algunas razones por las cuales no tiene mucho sentido trabajar por cuenta ajena a medio y a largo plazo
Éstas son algunas de ellas:
Tener a un idiota por jefe:
Parafraseando la idea del mencionado libro, no es que esto pueda suceder. De hecho, sucede con asombrosa frecuencia. La convivencia es difícil. Tener que bailar el agua a un mando prepotente, irresponsable, mediocre o graciosillo, es algo que llega a resultar desesperante. No compensa.
Experiencia:
La experiencia que se obtiene trabajando para un tercero es siempre limitada. Nuestros superiores pueden no tener demasiado interés en que adquiramos más por varios motivos. Uno de ellos, simplemente, por su comodidad. Otro, más desesperante aún, por el miedo a innovar o ver su puesto amenazado si sus subordinados van tomando más responsabilidades y teniendo éxito.
La gran mayoría de los trabajos no son sostenibles en el tiempo. A medio plazo, debe haber un cambio, un incentivo o un nuevo acoplamiento para que uno no se sienta absolutamente estancado.
Mejor no acabar en un asilo:
Los jóvenes que vienen, los que actualmente tienen menos de 15 años -los primeros nativos digitales-, tienen una capacidad de proceso, de hacer varias cosas a la vez y de resolver problemas, que, con la adecuada formación, pronto va a dejar obsoleta a la generación actual de entre 25 y 45 años. Hay estudios que incluso afirman que las generaciones que llegan son incluso fisiológicamente diferentes, con más materia gris en la parte inferior parietal del cerebro. El estudio del University College of London determina que distintos estímulos crean distintas fisiologías. En otras palabras, el ser humano está evolucionando con los estímulos que recibe de la tecnología desde temprana edad, y la generación actual podría quedar obsoleta a corto plazo.
Se trata de un escenario en el que dentro de 10 años habrá personas jóvenes mucho más acostumbradas a la tecnología que nosotros, mucho más preparadas y mucho más ágiles desde el punto de vista intelectual. La mejor manera de que tengas un empleo dentro de 10 años será que generes el tuyo propio.
Mundo endogámico:
Muchos trabajos, sobre todo si requieren enormes dosis de energía y de tiempo, acaban cerrando tu mundo, confundiendo tu vida personal y limitando al centro de trabajo tus relaciones personales. Es profundamente injusto que esto lo marque tu empleo. En todo caso, debería ser una decisión personal.
En estos momentos de crisis las jornadas se alargan, y cada vez queda menos tiempo para la vida personal de cada uno. La gestión propia del tiempo es uno de los mayores activos que tiene trabajar por cuenta propia.
Techos de cristal:
Dicen que no están ahí, que pueden romperse, aunque esto generalmente no es cierto.
En casi todas las grandes organizaciones hay determinados techos de cristal jerárquicos que marcan el límite de lo que se puede o no se puede hacer, y que, de facto, hacen que un espíritu emprendedor, con afán de superación e inquietud por hacer cosas nuevas, se vea limitado dentro de una estructura establecida, y se le frustre impidiéndole avanzar.
Los techos de cristal pueden ser aspiracionales, pero también económicos
Tu nómina, ese papel mojado:
La nómina, que antaño era una garantía bancaria en cualquier situación (por lo tanto, para muchos emprendedores y autónomos carecer de una era poco más o menos que un drama si tenían necesidad de financiación bancaria para, por ejemplo, alquilar un piso o comprar un coche), ahora ha dejado de tener valor. Presentar una nómina en un banco empieza a ser algo que no aporta suficiente garantía. El banco prefiere patrimonio que respalde las operaciones. Eso hace que la nómina sea papel mojado, y no una buena razón para trabajar para otra persona.
La seguridad:
La seguridad ya no existe. Ser funcionario no es el súmmum de la seguridad. Estamos viendo cómo las Comunidades Autónomas empiezan a despedirlos, y cómo no renuevan las plazas que se pierden por excedencias o jubilaciones… Ya ni tan siquiera resulta seguro ser controlador aéreo, ni piloto de Iberia. Las clases privilegiadas en lo económico y en sus condiciones laborales, que antaño eran puestos aspirados por muchos debido a sus condiciones y a su seguridad, empiezan a ser racionalizadas, y no durarán toda la vida.
No sucederá la romántica historia del aprendiz que entra a trabajar en un hotel con 14 años y, 20 años después, acaba dirigiéndolo. Quedará en el recuerdo de un mundo que se fue y ya no existe. Hoy ya no se entra a trabajar en un banco pensando que te jubilaras en él. De hecho, si eres muy joven y empiezas a trabajar en uno, posiblemente la única certeza que puedes tener es que esa entidad probablemente no existirá (al menos no como la conocemos) en los próximos 15 o 20 años.
La carrera de la rata:
Robert Kiyosaki acuñó con acierto este término para referirse a la trampa del trabajo por cuenta ajena. Cualquier individuo es como un hámster que corre en su pequeña rueda dentro de la jaula. Cada vez tiene más facturas que pagar, por lo que no puede dejar de correr en su rueda ni un solo momento, sin importarle realmente que no camina hacia ningún sitio, sin ningún futuro ni ilusión, sin poder siquiera pararse a reflexionar y replantear un nuevo posicionamiento estratégico.
Creo con franqueza que algunas de estas razones son tan poderosas que no se necesita mucho más para valorar la opción que nos enseñan desde que llegamos a la Universidad. Hay otras vías distintas a las de ser cortados como hombres grises con el mismo patrón, producidos en serie y empujados a encontrar ese primer trabajo de becarios para, con suerte, cuidar posteriormente como oro en paño nuestro primer trabajo “mileurista”.
Es posible, resulta factible y, además, hoy más que nunca, es necesario buscar alternativas a ese “camino oficial” que se nos impone socialmente. Aunque solo sea por no sufrir en nuestras carnes al imbécil de nuestro jefe.
Fuente:Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña/Empresario e Inversor Privado
Como manejar las interrupciones
De nuevo, vía Thinkwasabi, encontramos otra entrada sobre productividad. Esta vez se trata de las interrupciones. Berto Pena nos da las claves para obtener más tiempo de calidad a la hora de realizar nuestro trabajo.
¿Y cómo conseguirlo? ¿Cómo proceder cuando alguien te interrumpe?
1. «Cuanto más dure la interrupción más daño hace». Anota esta frase en lo alto de tu planificación diaria, repítela durante varios momentos del día o escríbela en un post-it bajo tu monitor, pero muévete siempre guiado por ella. La subrayo nuevamente porque cuando la tienes clara de verdad, todo lo que puedas hacer luego es mucho más fácil.
2. No te dejes llevar por la interrupción. Detrás de ella casi siempre hay otra tarea u actividad que te invita a empezarla (abrir, revisar, escribir, comprobar…). Lo más importante en ese momento es terminar lo que estabas haciendo.
3. Si la otra persona te incita a parar y cambiar de actividad, intenta posponerlo. “Negocia” los 10 ó 15 minutos que necesites para rematar la tarea en la que te encontrabas, pero pon todo tu empeño en no dejarla a medias. «Déjame que termine esto y en 10 minutos estoy contigo».
4. Evita la multitarea. Aunque tengas la tentación de hacer dos cosas a la vez, eso sólo contribuirá a complicarlo todo. Eres más resolutivo y rápido cuando te centras en una sola cosa. Tienes tiempo para todo, pero primero una cosa y luego otra.
5. Trabaja con una libreta o tu aplicación de tareas bien cerca. Muchas interrupciones son tareas o cosas que tendrás que hacer o revisar después. Es mucho más eficiente si paras-anotas-vuelves a tu tarea.
6. Durante la interrupción utiliza un lenguaje breve y directo. No le “des carrete” a la otra persona porque, como ser humano que es, tenderá a enrollarse y la interrupción se alargará.
7. “Dirige” la conversación con la otra persona para hacerla todo lo breve, clara y precisa posible. Si se pone a dar rodeos o divagar, tú puedes conducir el diálogo hacia el rincón que te interesa: «dime qué necesitas y para cuándo lo necesitas».
