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Trabajo, estudios y cursos

Recibir clases y luego darlas, vamos, lo que es la vida…



Tengo la suerte de que los martes, nada más salir del máster, les doy clases particulares a unos chavales, todos hermanos y todos de diferentes edades. Y digo que es una suerte por varias razones, primero, porque son adorables, segundo, porque me permite contrastar ciertas cosas vistas por la mañana en el máster e incluso experimentar con ellas, y tercero y más importante, porque me doy cuenta de la cantidad de cosas que hago fatal, fatal, fatal. Entre mi falta de planificación, mi tendencia al barroquismo al expresar la diferencia entre el past simple y el past continuous (ni os imagináis el edificio bergsoniano que monto yo para explicarles a los niños el sentido de la duración) y mis desvaríos transversales sobre la importancia del Muro de Adriano para entender los prejuicios hacia los escoceses (no sean duros conmigo los historiadores), no sé como los niños tienen ganas todavía de que les dé clase. Será porque le echo muchas ganas al asunto.

En fin, lo mismo dentro de unos años me veis así:

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