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Moción sobre comercio histórico (y algún recuerdo)



Después de una intensa campaña para las elecciones generales, la política municipal sigue su curso, y celebramos Pleno ordinario, como viene siendo habitual, el último lunes de cada mes. En esta ocasión, llevamos para su discusión y votación una propuesta que busca, esencialmente, apoyar al pequeño comercio de nuestra localidad, especialmente afectado por la crisis económica que vivimos, que no ha sido sino la puntilla para una actividad económica especialmente importante para una ciudad que se está viendo afectada ya desde hace años por la proliferación de grandes superficies comerciales en las afueras de las ciudades.

En Molina de Segura, en buena medida por la cercanía de los centros comerciales construidos en la vecina ciudad de Murcia, la degradación y bajada de persianas del comercio tradicional viene siendo algo a lo que, lamentablemente, estamos demasiado acostumbrados. Negocios familiares, como se suele decir, “de toda la vida”, persisten a duras penas o se han visto abocados al cierre por la pérdida paulatina de clientela.

Conozco el tema de cerca, vengo de una familia que se ha dedicado a ese comercio “de toda la vida”, en  concreto, al sector del calzado. Desde bien pequeña, recuerdo haber ayudado a mis tíos, y posteriormente a mi hermano, a recoger cajas de zapatos apiladas por la frenética actividad que había en la tienda los sábados por la mañana. Hace muchos años de esto, tantos que los puestos del mercado semanal de Molina aún se distribuían por calles como Santa Teresa o La Estación.

También recuerdo que el traslado del mercado no sentó bien a los comerciantes. Desde luego no sentó bien  al tránsito de personas por la zona los sábados y, por descontado, al número de ventas.

Con el paso de los años, los sábados se convirtieron casi en el peor día de semana para la venta, y mejor no hablar de los sábados por la tarde, cuando el municipio acabó convirtiéndose casi en un cementerio viviente (comercialmente hablando). “La gente está en los centros comerciales”, comentábamos en petit comité, intentando auto convencernos, buscando una explicación a lo inexplicable, o lo inasumible.

El comercio tradicional es, por excelencia, un comercio familiar, que va pasando de generación en generación. No hace tantos años, también era un servicio al que acudían familias enteras. Tirando de recuerdos, me viene también a la cabeza cuando llegaban a la tienda todos los miembros de una familia, en muchas ocasiones de pueblos vecinos. Todos se iban con zapatos, desde el  padre hasta el niño. Si no había de un modelo, pues el otro. Cosa impensable hoy día.

Pero todo esto no dejan de ser recuerdos casi de niñez. Las cosas han cambiado mucho en lo que se refiere a patrones de consumo. Pero hay algo que no ha cambiado y es el valor que este comercio tradicional aporta a una ciudad y a sus barrios. Eso sí, está tan amenazado por tantos frentes, que es necesario que la administración pública le de un “empujoncito”, y de paso nos lo de también a los ciudadanos, para recordarnos todas las ventajas que podemos encontrar en comprar casi al lado de casa, a nuestro vecino, en estos tiempos en los que la deshumanización es el contravalor dominante.

Y ésta es la esencia de la moción que presentamos. La necesidad de redoblar esfuerzos para que el comercio histórico de nuestro municipio no se convierta precisamente en eso, en historia.

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