Cogí mi abrigo un segundo más tarde de que mi jefa golpeará la mesa con todas sus fuerzas y me gritara como nunca lo había hecho. Mientras salía por la puerta, me dijo: “más vale que no te vayas“. Sin pensar mucho le contesté: “despídeme si quieres, yo me piro“.
Así que guardé mi dignidad en el bolso y con el corazón latiendo a mil por hora me saqué un billete y me metí en el metro camino de Poble Sec. En todo momento fui consciente de que, en muchos aspectos, mi jefa se ha portado muy bien conmigo. También que ha tenido un año duro. Pero la vida es jodida para todos y ya que no me subía el sueldo como habíamos establecido por contrato, que por lo menos no me pusiera pegas a pasar mis vacaciones de 30 días naturales, a 22 laborables. Menos que me gritara como una puta loca. Si al fin y al cabo es lo mismo y me tendría más contenta. Su respuesta no solo fue NO, sino que me vino con el librillo del convenio en la mano. ¿De verdad quieres que nos pongamos a mirarlo todo a través del convenio? ¿Estás segura?
Deseaba que me echara: que me echara y que me indemnizara. De hecho, cuando me ha pedido disculpas hoy, he pensado: “mierda“. Y es que estoy decepcionada, tan decepcionada que ya no me apetece seguir trabajando aquí. Ni aquí, ni en ningún lado. Me quiero ir a dar la vuelta al mundo y mandarlo todo a tomar por el culo.
Lo tenía todo planeado: con el dinero de la indemnización habría ido directamente a comprarme un billete con 20 paradas en diferentes partes del globo. Ese que vale más menos 3.000€ y que solo te permiten ir de este a oeste o de oeste a este. Y con el dinero del paro hubiera sobrevivido durante seis meses, para luego volver a Barcelona (Madrid o donde fuera) y estar otros seis meses amparada con el dinero del inem mientras buscaba trabajo. Pero ya no veía a Milio conmigo.
¿Y por qué no te veía conmigo, Milio?
No te veía conmigo porque en cinco años que llevamos juntos de relación, sigues saliendo de noche sin avisarme. Vivimos juntos, do you remember it? Y si los mierdas de tu trabajo te dicen que te quedes, piensa en cómo están ellos: SOLOS.
Porque para mí, respetar no es solo no poner los cuernos, sino tener en cuenta a la otra persona. Darle seguridad.
Porque hay cosas que duelen más que los cuernos, pero ojo que no me entere que me los has puesto…
Porque no solo tienes que respetarme, también tiene que parecerlo.
Porque si quieres una chacha, te la pagas. Es tan tuya como mía, la obligación de mantener la casa en condiciones salubres cuanto menos.
Porque cuando tenga un bebe en el futuro, no quiero despertarme en medio de la noche sobresaltada (como hago ahora) al saber que no estás en casa. O estar puteada con el bebe, la casa, el trabajo y el niño grande incapaz de responsabilizarse de sus actos.
Porque me dan ganas de romper cada pieza de tu estudio, cuando veo que es la única parte de la casa que limpias. Puedes pasar quince veces al lado de la puerta y ver las bolsas de basura, que no las bajaras. Pero en tu estudio, pasas hasta el puto pronto!
Porque estoy harta de que haya ropa pudriéndose en la lavadora desde hace una semana. Te tocaba a ti.
No soy tu madre.
Por eso me iría sola. Por eso me iría sin ti.
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