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La Obediencia



Esta misma tarde me he encontrado hablando con una mamá sobre el homeschooling. Estaba muy interesada en este sistema educativo, dado que no está demasiado contenta con el colegio en general. Además de todas las preguntas clásicas a las que siempre me veo sometida, en esta ocasión ha abordado el tema de “la obediencia“.

Es algo complejo de tratar, puesto que cada cual tiene su idea respecto a ello. Personalmente no me gusta esa definición, porque no pretendo que mi hijo me obedezca, sino más bien decir que yo pretendo acompañarlo en un proceso de aprendizaje individual y personal, intentando cubrir sus inquietudes y fomentar su curiosidad por todo lo que le rodea.

Pero para otras personas es de vital importancia conseguir que sus hijos les hagan caso en todo, coartando así su iniciativa a descubrir el mundo por sí mismo. Creo que esa es la gran equivocación de la mayoría de los padres es precisamente esa, el pretender obediencia en lugar de respeto, sumisión en lugar de inquietud. Nos han hecho creer que los niños que no son “obligados” a estudiar no hacen nada, porque son vagos por naturaleza.

Estoy totalmente de acuerdo con esa premisa, la gran mayoría de los niños que van a la escuela acaban agobiados y huyen del aprendizaje, les recuerda lo aburrido que es estudiar, puesto que el día a día en la escuela es peor que el día a día del trabajo de muchísimos adultos. Pero los niños que son libres de aprender lo que verdaderamente les interesa en cada momento, se podrían definir como incansables, siempre tienen algo que hacer, algo que descubrir, algo que aprender.

El primer año que desescolaricé a mi hijo lo tuvimos sabático, de descontaminación y desconexión, de desaprender y volver a aprender. Todos los que hemos tenido a nuestros hijos en las escuelas sabemos de lo que hablamos. Así que en ese momento puede ser que sí, que mi hijo no me “obedeciera”, tal como temen la mayoría de las personas, pero tampoco era mi prioridad, ni tan siquiera lo pretendía, solo pretendíamos empezar de nuevo.

Ahora bien, cuando decidimos educar en casa lo hacemos conscientemente, sabiendo la implicación que ello requiere, la paciencia y las ganas de dedicarnos a la educación de nuestros hijos. Poco a poco nos damos cuenta que las imposiciones no llevan a nada, pero no así las propuestas. El secreto de todo radica en esto, solo necesitamos Proponer una y otra vez. No desesperar, punto importante, puede que las primeras propuestas no cuajen, no tengan el efecto que pretendamos, pero no podemos morir en el intento. Sigamos pacientemente proponiendo, sin alterarnos, una y otra vez, dejando que vaya haciendo mella en nuestro hijo, sin presiones ni chantajes, solo proponiendo. Eso sí, debemos tener un gran arsenal de propuestas en la manga y no descartarlas nunca, lo que hoy no interesa, no sabemos, quizá mañana…., o pasado mañana…., o al otro….

Tras superar esta etapa, la de las propuestas, poco a poco se van cambiando las tornas. Ya no somos nosotros los que proponemos, ahora son ellos los que nos marcan lo que quieren hacer, lo que quieren descubrir, lo que les interesa realmente. Entonces llega el momento de trabajar sobre esos intereses y aportarles todo lo necesario para poder cubrir esa faceta, que les durará siempre.

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La Obediencia



Esta misma tarde me he encontrado hablando con una mamá sobre el homeschooling. Estaba muy interesada en este sistema educativo, dado que no está demasiado contenta con el colegio en general. Además de todas las preguntas clásicas a las que siempre me veo sometida, en esta ocasión ha abordado el tema de “la obediencia“.

Es algo complejo de tratar, puesto que cada cual tiene su idea respecto a ello. Personalmente no me gusta esa definición, porque no pretendo que mi hijo me obedezca, sino más bien decir que yo pretendo acompañarlo en un proceso de aprendizaje individual y personal, intentando cubrir sus inquietudes y fomentar su curiosidad por todo lo que le rodea.

Pero para otras personas es de vital importancia conseguir que sus hijos les hagan caso en todo, coartando así su iniciativa a descubrir el mundo por sí mismo. Creo que esa es la gran equivocación de la mayoría de los padres es precisamente esa, el pretender obediencia en lugar de respeto, sumisión en lugar de inquietud. Nos han hecho creer que los niños que no son “obligados” a estudiar no hacen nada, porque son vagos por naturaleza.

Estoy totalmente de acuerdo con esa premisa, la gran mayoría de los niños que van a la escuela acaban agobiados y huyen del aprendizaje, les recuerda lo aburrido que es estudiar, puesto que el día a día en la escuela es peor que el día a día del trabajo de muchísimos adultos. Pero los niños que son libres de aprender lo que verdaderamente les interesa en cada momento, se podrían definir como incansables, siempre tienen algo que hacer, algo que descubrir, algo que aprender.

El primer año que desescolaricé a mi hijo lo tuvimos sabático, de descontaminación y desconexión, de desaprender y volver a aprender. Todos los que hemos tenido a nuestros hijos en las escuelas sabemos de lo que hablamos. Así que en ese momento puede ser que sí, que mi hijo no me “obedeciera”, tal como temen la mayoría de las personas, pero tampoco era mi prioridad, ni tan siquiera lo pretendía, solo pretendíamos empezar de nuevo.

Ahora bien, cuando decidimos educar en casa lo hacemos conscientemente, sabiendo la implicación que ello requiere, la paciencia y las ganas de dedicarnos a la educación de nuestros hijos. Poco a poco nos damos cuenta que las imposiciones no llevan a nada, pero no así las propuestas. El secreto de todo radica en esto, solo necesitamos Proponer una y otra vez. No desesperar, punto importante, puede que las primeras propuestas no cuajen, no tengan el efecto que pretendamos, pero no podemos morir en el intento. Sigamos pacientemente proponiendo, sin alterarnos, una y otra vez, dejando que vaya haciendo mella en nuestro hijo, sin presiones ni chantajes, solo proponiendo. Eso sí, debemos tener un gran arsenal de propuestas en la manga y no descartarlas nunca, lo que hoy no interesa, no sabemos, quizá mañana…., o pasado mañana…., o al otro….

Tras superar esta etapa, la de las propuestas, poco a poco se van cambiando las tornas. Ya no somos nosotros los que proponemos, ahora son ellos los que nos marcan lo que quieren hacer, lo que quieren descubrir, lo que les interesa realmente. Entonces llega el momento de trabajar sobre esos intereses y aportarles todo lo necesario para poder cubrir esa faceta, que les durará siempre.

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