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Trabajo, estudios y cursos

IRSE DE PUENTE O NO.



Creo que el trabajo, o mejor dicho los trabajos o incluso las circunstancias del trabajador, dan lugar a dos clases de personas. Argumento, como casi siempre dando unos cuantos pasos atrás.
Abril de 2005.
Llegaba a Zaragoza un jueves santo por la noche. En mi salto al vacío, lo único seguro era que aparcaría en el parking del Pilar.
Nada más.
Hice noche en un hostal cercano al aparcamiento. En el maletero había dejado todo lo que tenía: un ordenador de sobremesa, una impresora A3, dos vaqueros, un par de calzoncillos, calcetines, camisetas, algún que otro libro y revista de arquitectura, lapiceros, bolis, bloc de notas, tabla y equipo de snowboard.
Nada más.
Podría haber llevado un trailer para cargar con la angustia, el dolor, la intranquilidad, el malestar, la tristeza y la desfachatez. Lo que hice fue meterlo bien preto en una mochila invisible a los demás, y desde entonces hasta ahora me lo voy dosificando, sin dar demasiadas explicaciones más que las imperativamente necesarias: un lastre inseparable, indivisible e inagotablemente fiel.
Pasé de sólo tener trabajo, a no tener más trabajo que encontrarlo.
Nunca me había sucedido eso. Siempre había deseado sentirlo, pero jamás había sucedido.
De golpe y porrazo, allí está Ella a tu lado, en una habitación del 3ºC del número 54 de la Calle Asalto: la Señorita Sensación ( S ).
S nunca habla.
S nunca toma la iniciativa.
S se deja querer, pero tienes que dar tú el paso.
En la intimidad, le preguntas y su silencio frío y cruel es quien contesta.
S responde verdades como puños, y estas son, casi siempre, de difícil digestión.
Diciembre de 2011.
Entre ese jueves y hoy ha pasado casi de todo.
Aún conservo sobres y sellos del primer envío masivo de curriculums que hice.(A desgana, la verdad). También copias del primero que colgué en el tablón del Colegio de Arquitectos y me permitió empezar a trabajar apenas dos semanas después de haber llegado.
Hace unas horas, ya decidido a escribir el post que me rondaba, he publicado en twitter:
“Hay dos clases de personas: las que esperan un puente para no trabajar y las que lo esperan para trabajar tranquilos. Próxima entrada al blog”.
De principio a fin es una afirmación generalista, y por lo tanto tiene mucho de gilipollez (como tantas otras sentencias de 140 caracteres). Pero no pretendí una “Senecada”.
Entre ese Abril de 2005 y el presente Diciembre encuentro mi argumento.
Cuando el trabajo no lo sientes como propio, cuando es una obligación, cuando lo ves sólo como eso (trabajo), aparecen los puentes, los moscosos, los acueductos y todo el empedrado de la vía Apia. También los síndromes: el post-vacacional, el pre-findesemanal y el post-dominical.Y cómo no, los departamentos, los directores, las sucursales y los trabajos para antes de ayer que se quedan un mes absorbiendo polvo. He dicho un mes? espera que me entra la risión….ya.
Ahora no estoy generalizando, sólo suena así.
Lo de la “nómina alimenticia” choca de bruces con lo que para mí es imprescindible: sentirte parte de un proyecto, parte de un equipo, parte de una idea. Parte INDIVISIBLE de todo ello.
Es matemáticamente imposible replicar ese concepto a todos los trabajos habidos y por haber. Seguro.
Lo que está claro es que los faraones de las pirámides pueden reflexionar. Y no sólo pueden, sino que deben. Es imperativamente necesario.Y lo es porque si no, pasa lo que pasa: llega una semana en que el futuro de Europa se debate entre precipicio ó abismo y España entre si va o no, de puente.
Después van los políticos y apelan a la “responsabilidad”. Otra vez me entra la risa…..y ahora sí que me parto, y me mondo.
Miro atrás y agradezco en el fondo lo acontecido. Estos años me han reportado experiencia. Mucha más en el “cómo NO hacer las cosas”, que en “cómo hacerlas”. Aunque como bien cierto es eso de que “la experiencia es la virtud más inútil que hay, pues cuando la tenemos ya no la necesitamos”, seguro va a pasar de todo.
Mientras tanto, para pelearle más aun el cinturón al destino, seguiré sin creer en puentes que de populares se vuelven necesarios: seguiré apostando al 54 rojo.
J.

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