Humanonline

Trabajo, estudios y cursos

Érase que se era



Érase que se era un reino con un vasto territorio, naturaleza impactante, recursos holgados, impresionante historia y una población particularmente ingeniosa, capaz de salir adelante en circunstancias complejísimas y que, en más de una ocasión, había demostrado ser capaz de obrar milagros económicos y sociales.

Bufones del reino.

Bufones del reino.

Este reino, dotado de tantas cualidades, padecía, al mismo tiempo de muchas dificultades, incluyendo una galopante corrupción e impunidad, agravada por decisiones absurdas de un reyezuelo impuesto que, además de mitómano, se creía sus propias mentiras de tanto repetirlas.

A lo largo de su historia, este reino había sufrido dificultades económicas sin par y su población se encontraba empobrecida en lo económico y lo moral.

El reyezuelo, de corta estutura y menos visión, creía que los balazos eran la solución para todo y decidió emprender ese camino sin consultarle nada a nadie, ni preguntarse si con ello tendría buenos resultados.

De visión corta y oídos sordos, nuestro personaje creía que su estrategia era la mejor y que todos los demás estaban equivocados, porque no pensaban como él.

En sólo cinco años, su estrategia absurda, dejó a 50 mil de los habitantes del reino muertos y todavía así, el minúsculo monarquita, suponía que todo estaba funcionando muy bien.

Más aún fustigaba a los miembros de la Corte que pensaban diferente y aún tenía el cinismo de asegurar que en su reinado, como en ninguno otro, las cosas transcurrían de manera excelente.

Durnte su corto reinado, nuestro personaje había dejado, también, a miles de personas sin trabajo, por causa de bandos reales que desaparecieron empresas de tajo, e ignoraron las necesidades de, al menos 100 mil personas.

Además, había siete millones de habitantes del reino en edades juveniles, quienes no conseguían trabajo y tampoco estudiaban; un enorme problema social, que el enano al cargo no veía.

Un buen día, cuando su reinado íniciaba su último año, el pequeño reyecito organizó una fiesta con los  bufones y aplaudidores oficiales de Palacio, para hacerse halagar por lo que él creía era una excelente actuación.

En un jardín real, se dispuso todo para que el hombre dijera mentiras y la multitud aplaudiera rabiosamente…como ocurrió.

Aunque todos sabían que, por sus dificultades, ese reino no era ni con mucho uno de los más importantes del mundo, el soberanito de recortada figura, insistió una y mil veces en que la economía del reino era mejor que la de las cortes europeas; que en educación, el reino superaba con mucho el número de ingenieros a la de naciones como Alemania y Brasil; que el reino regiría los destinos económicos de todo el mundo a partir de esa fecha; que nunca antes en la historia del reino hubo tantas facilidades para que los habitantes compraran casas.

Y así por el estilo, 75 minutos de cuentos que los bufones y aplaudidores festinaban con grandes expresiones de alborozo, aunque sabían en su interior que el reino se caía a pedazos.

En el colmo de su soberbia –inversamente proporcional a su estatura física e histórica– el pequeño tuvo el cinismo de culpar a lass cortes de todos los males, que porque no lo dejaban reinar a gusto y que sólo sus decisiones (las del reyecito) eran las buenas y que de no haberlas tomado, el reino estaría en manos de la delincuencia….a pesar de que el reino estaba ya en manos de la delincuencia, como a todos los constaba.

Pero todo era aplaudir. Un espectáculo fastuoso en el que el pequeño monarquita se jactó de respetar a su población y de respetar la libertad de expresión como ninguno, aunque numerosas organizaciones internacionales coincidan en que ese reino es el más peligroso en el mundo para los periodista.s

A pesar de que en ese reino, a los defensores de derechos humanos se les hostiga, secuestra y asesina, como está claramente documentado por numerosas organizaciones internacionales, el enano no tuvo empacho en asegurar que como nunca se respetan plenamente las garantías individuales (aplausos, muchos aplausos).

A los bufones y paleros no les importó que, ese mismo día, en las hojas volantes del reino se leyera que habían asesinado a una defensora de los derechos humanos en una localidad al norte, en la frontera con el reino vecino. De todos modos, aplaudieron la mentira.

Desde ese momento, el pobre reino tendría aún que padecer un año más al minúsculo monarca.

Escriba un comentario