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El fracaso del periodismo.



Autocrítica y empatía son palabras en desuso, su aplicación roza lo marginal. No conozco una manera mejor de aprender, de ser mejor, que plantarte ante tus actos y ser implacable, ser tan crítico con tu trabajo y tu actitud como lo eres con la de los demás. A veces es doloroso y resulta una cura de humildad difícil de soportar para egos desmedidos, pero es una catarsis necesaria para crecer, una purga de soberbia que permite situarte en una perspectiva de alumno vital.

El corporativismo es carente de autocrítica además de no poseer la capacidad de empatizar con los demás, la empatía es imprescindible para hacer introspección y practicar la autocrítica, ya que si el sano ejercicio de ponernos en lugar de los demás lo hiciésemos más a menudo comprenderíamos que no somos perfectos, que nuestra profesión no es tan especial, que cometemos los mismos errores que los demás, y sobre todo que tenemos un deber social que nos obliga a empatizar con el resto para que las historias tengan alma y no sean un mero cúmulo de hechos y estadísticas, porque las historias son personas, y las personas sienten. Si no somos capaces de habitar su piel no somos dignos de poner negro sobre blanco su relato.

No me pararé ni un minuto en hablar sobre la evidente precarización de los periodistas, es así, un hecho innegable y lamentable. Pero no es más ni menor drama que el que sufre el sector científico, la restauración, la limpieza, el turismo o las otras profesiones del mundo de la comunicación. El motivo de que el mercado laboral se encuentre tan degradado en parte es responsabilidad del periodismo, han fallado en su deber social de control y denuncia del resto de poderes, el mundo del periodismo ha sido partícipe de la fiesta del derroche, ocultándola, formando parte de ella, en definitiva, no haciendo el papel que la sociedad le tiene asignado.

Los derechos laborales son innegociables, y el mundo del periodismo ha provocado que sea asumible la perdida paulatina de derechos laborales y sociales. Son innumerables las huelgas o conflictos laborales que han ido acaeciendo en los ultimos años. En todas el periodismo ha dejado en un segundo lugar las motivaciones de los conflictos laborales para fijarse en las formas que se usaban para exigir sus derechos que tanto tiempo han costado conseguir y que perdemos con la connivencia de todos. La huelga de Transportistas, de los empleados de Metro, y la más sangrante, la de los Controladores, han dejado en evidencia al cuarto poder al ponerse de lado de la patronal en todas las ocasiones llegando a manipular y criminalizar a colectivos que solo luchan por lo suyo. Estamos a punto de volver a presenciarlo con la huelga de los pilotos.

El mundo del periodismo ha usado el privilegio que el resto de profesiones no tiene para dar visibilidad a su problema obviando que es solo una profesión más, es una parte del todo, no el todo. El periodismo tiene la obligación de denunciar la precariedad laboral independientemente de cual sea la profesión que lo sufre, es su deber denunciar la degradación del mercado de trabajo sin privilegiar unas profesiones sobre otras, porque todas son iguales. Los camioneros necesitan de los periodistas para denunciar sus problemas, lo mismo que los enfermeros, los panaderos, los barrenderos o los profesores, pero el mundo del periodismo les ha negado sistematicamente la visibilidad de la degradación de sus puestos de trabajo porque nuestros problemas son mas y mejores que los del resto.

La endogamía existencial del mundo del periodismo olvida que incluso en los medios de comunicación existen otras profesiones denigradas de la misma manera que lo que le hace a un periodista. Fotógrafos, cámaras, documentalistas, realizadores, técnicos, jamás se habla de ellos cuando se habla de perdidas de puestos en los medios de comunicación como si un informativo fuera posible solo con periodistas y estos fueran imprescindibles.

El periodismo se hace, se practica, y la crísis económica ha constatado el fracaso de todas las partes implicadas en la construcción de la sociedad, pero especialmente en aquellas responsables directamente. No se hizo periodismo al permitir a todas las partes implicadas en el expolio del estado del bienestar robarnos, no se está haciendo periodismo en el transcurso de la crisis al permitir a los responsables no responder por sus hechos. No se hace periodismo cuando visibilizamos nuestros problemas por encima de los de la sociedad.

No se está haciendo periodismo cuando no es un escándalo que existan artículos constitucionales de primera y segunda categoría. Cuándo se ve con normalidad que las administraciones protejan con todo la fuerza de la ley la propiedad privada para dejar en la calle a familias sin hogar.

El Periodismo ha fracasado, y nosotros somos los responsables.

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