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Dureza de la luz



La dureza de la luz nos interesa como fotógrafos para manejar las interacciones entre luz y sombra en nuestras fotos, es decir, los contrastes que tendremos entre zonas claras y oscuras.

El término técnico para esto es difusión.

Dependiendo de la cercanía de la luz, el tamaño de la fuente de luz, e incluso la intensidad, podemos obtener resultados que favorezcan o arruinen las fotos, y al estar conscientes de ello, es que podemos buscar las maneras de manipular esta característica de la luz y lograr mejores efectos.

En reglas generales:

Podemos separar la luz en dos tipos: luz dura y luz suave.

La luz dura proviene de fuentes pequeñas y alejadas, un ejemplo de luz dura es la del sol, con cielo despejado. Otro ejemplo de luz dura es el flash de la cámara. La luz dura puede destacar texturas, realzar colores e incrementar contraste. Esto no es ni bueno ni malo, pero dependiendo del contexto, puede ayudar o arruinar una fotografía.

En esta foto (clic en la foto para ampliar), la luz dura del sol ayuda a resaltar los colores vivos de la flor. En la foto siguiente, la luz dura del flash es tan drástica que elimina por completo sombras, quitando el efecto tridimensional de la flor, resultando poco atractiva.

La luz suave es más difusa y suaviza las sombras, resulta en un menor contraste y no resalta tanto el color. Ejemplos de luz difusa es un cielo nublado, o una lámpara con pantalla. También se puede obtener luz difusa, rebotando la luz en una fuente grande (como una pared, o el cielo falso).  En fotografía, esta es la más fácil de manipular. La luz suave suaviza las texturas y los contornos, lo que la hace muy buena para los retratos.

En esta fotografía (clic en la foto para ampliar), son precisamente las nubes que difuminan la luz, creando sombras poco marcadas, en el retrato, también ayuda a suavizar la textura de la piel, y suaviza los contornos, degradando la sombra, dando también sensación tridimensionalidad.

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