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Divorcio



Ya se habían dicho adiós en alguna ocasión.

Ocurrió al principio. Aquello fueron unas despedidas cortas, más bien, unos hasta luego. Era cuestión de tiempo volver a encontrarse y proseguir la relación.

Por aquel entonces ya era claro que una parte ponía más que la otra. Uno quería; el otro se dejaba querer. Como en todas las relaciones que no son de igual a igual.

Un día llegó la promesa de “amor eterno”. Pero el compromiso aún tardó en llegar. Antes hubo mentiras, retrasos, pequeñas trampas intentando que la promesa cayera en el olvido.

Y el día llegó.

Y con ello, el inicio del fin.

Más tarde aparecieron las envidias, los celos… y  terceras personas.

Eso fue definitivo.  En concreto, una cuya sombra se interponía entre los dos y que  a la larga supo ocupar su lugar.

La relación se fue deteriorando. Llegó la incomunicación y el sacar provecho de la situación por parte del intruso, que al final ganó la partida.

Por fin, se decidió y dio el paso.

- La situación es insostenible. No podemos continuar así. Tengo que decirte que no podemos seguir juntos.

No hizo falta hablar más. Aquellas palabras estaban vacías. Sabía que no eran las auténticas razones, todos lo sabían, no merecía la pena discutir ni alargar aquella incómoda escena.

Abandonó la habitación sabiéndose derrotado. No tenía la mismas armas para luchar, estaba en inferioridad de condiciones. Incluso el causante de la rotura intentó darle un golpe más, un golpe bajo.

Pero lo encajó bien, no quería hacerle sentirse ganador de aquella guerra, así que lo ignoró.

Comenzó a buscar consejo. No estaba dispuesto a perder los derechos que había adquirido durante el tiempo de aquella relación. Había puesto mucho de sí para que funcionara como para dejarlo ahora a cambio de nada.

Y empezaron las estrategias, buscar los puntos débiles, los resquicios por los que penetrar y situarse para las negociaciones futuras.

Hoy se han firmado los papeles.

Se han visto, pero no se han cruzado ni una palabra. Ni siquiera una mirada

A partir de ahora, cada uno por su camino.

Enrique Urquijo y los problemas – Para vivir

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