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Dios y la prima de riesgo



La Universidad de Chicago ha hecho público un estudio sobre las profesiones “más felices”. Aunque el concepto de felicidad podría dar para otro estudio bastante más complejo, los autores del mismo precisan que por oficios felices entienden aquellos que proporcionan mayor gratificación a quien los desempeña. En lo más alto del ranking, sacerdotes, bomberos y fisioterapeutas. Cómo han cambiado los tiempos… la crisis se nota hasta en esto. Si hubieran llevado a cabo la misma encuesta hace cinco años, seguro que el podio lo habrían ocupado futbolistas, banqueros y promotores inmobiliarios, no sé si en este orden. Vivimos tiempos de gran contrición, extenuados tras años de bacanal hipotecaria, con la soga al cuello e implorando al cielo que lo peor, que está por llegar, no llegue. Momentos para la mística, la reflexión, para repasar nuestros errores y flagelarnos por no haber sabido verlos a tiempo. Buscamos al culpable fuera, en los bancos, las administraciones, los políticos. Ahora nuestro héroe es el pobre cura de barrio al que durante años miramos con irreverente desdén por meter la sotana allí donde no debía, nuestros negocios mundanos. Ya no queremos ser brokers, la Bolsa nos da asco, la política es una cueva de ladrones y no nos fiamos ni del vecino de al lado. Desempolvemos la vieja Biblia, recitemos los 10 mandamientos, el Padre Nuestro y el Ave María, amemos al prójimo por encima de todas las cosas. Dios no entiende de primas de riesgo ni de agencias de rating.

Xavier Gual

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Dios y la prima de riesgo



La Universidad de Chicago ha hecho público un estudio sobre las profesiones “más felices”. Aunque el concepto de felicidad podría dar para otro estudio bastante más complejo, los autores del mismo precisan que por oficios felices entienden aquellos que proporcionan mayor gratificación a quien los desempeña. En lo más alto del ranking, sacerdotes, bomberos y fisioterapeutas. Cómo han cambiado los tiempos… la crisis se nota hasta en esto. Si hubieran llevado a cabo la misma encuesta hace cinco años, seguro que el podio lo habrían ocupado futbolistas, banqueros y promotores inmobiliarios, no sé si en este orden. Vivimos tiempos de gran contrición, extenuados tras años de bacanal hipotecaria, con la soga al cuello e implorando al cielo que lo peor, que está por llegar, no llegue. Momentos para la mística, la reflexión, para repasar nuestros errores y flagelarnos por no haber sabido verlos a tiempo. Buscamos al culpable fuera, en los bancos, las administraciones, los políticos. Ahora nuestro héroe es el pobre cura de barrio al que durante años miramos con irreverente desdén por meter la sotana allí donde no debía, nuestros negocios mundanos. Ya no queremos ser brokers, la Bolsa nos da asco, la política es una cueva de ladrones y no nos fiamos ni del vecino de al lado. Desempolvemos la vieja Biblia, recitemos los 10 mandamientos, el Padre Nuestro y el Ave María, amemos al prójimo por encima de todas las cosas. Dios no entiende de primas de riesgo ni de agencias de rating.

Xavier Gual

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