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De cascabeles



Cada familia tiene su mitología y, en Navidad, ambas salen de las cajas apiladas con adornos. Resaltan en el guión de las relaciones generacionales, se siguen como lectura en atril: y ahora el abuelito contará el chiste del perico, que se aprendió hace cuarenta años cuando le robaron el aguinaldo y tuvo reirse de su miseria; a continuación la mamá pasará de la ternura que desenvuelve a la amenaza que posiciona sobre el musgo del cuidadito le rompen el Nacimiento que le regalaron cuando se casó, ilusionada. Mitos que suelen reconocerse cuando ya van en la secundaria y hasta les cambió la voz, cuando se extraen de su encierro de bodega para preguntar dónde van. ¿En la repisa? ¿En el centro de la mesa? ¿Junto al letrero que da la bienvenida? ¿Para donar, junto al basurero?

Ayer presencié un mitote, nombre que se da a los mitos recién nacidos. Asignamos la tarde para poner el árbol de Navidad. Mientras las hijas saltaban entre lapsos de atención, preguntas y esferas, y @bilbeny se ocupaba de la tecnolgía luminosa, me dí a la tarea de desenredar los cascabeles, unidos en secuencia colorida por dos metros de cordel festivo. Cada año es lo mismo, cada año me pasa igual, sólo que apenas éste lo hice consciente: el árbol está listo, las hijas se inquietan, se agota lo fotografiable, transcurren Chingonbels, Adeste fideles y Marimorenas, y yo sigo negociando con el nudo pertinaz de los cascabeles, con su percusión en notas de impaciencia; cualquier movimiento en el hilo, por pequeño que parezca, contribuye a liberar o ahorcar al resto dependiendo de la dirección en que se tire. Me desespero y me atoro y me juzgo porque quiero participar en el resto de las actividades, siento la presión de la gratificación inmediata y quiero que se reconozca mi heroísmo (fue al supermercado-hizo la comida-lavó los edredones-escribió un relato de su libro-bajó de peso y desenredó los cascabeles) pero, sobre todo, quiero colgar este adorno de sonido mágico. ¿Y qué son los mitotes, los mitos, las mitologías y las familias sino un modo de atar y desatar intenciones?

Y si bien cada año triunfo en deshacer los nudos, ayer me dí cuenta que el enredo de cascabeles funciona entre dos campos semánticos de unión, según la concordia o según el zafarrancho. Y que hay pocas opciones para desatascar el conflicto y dar mantenimiento a los enlaces: renunciar al heroísmo es la más efectiva de ellas.

Ayer pedí ayuda. Y si bien el proceso fue igualmente tardado, tuvo otra connotación, elocuente y metafórica, de muchas manos involucradas; esa que no es de temporada, sino que permanece, la que logra que, año tras año, las mitologías puedan transmutarse en tradiciones y ellas, flexibles a su vez, se conviertan en pretextos, cordeles, de coincidir.

Tilín, tilín.

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